¿Es ilegal la “contabilidad paralela”?

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Por: Juan Fernando Mejia

Algunos software implementaron desde aproximadamente 2011 y 2012 la “contabilidad paralela”, es decir, “una local y otra bajo NIIF”, pues fue el entendimiento que obtuvieron en su momento. Diferentes métodos como copiar las transacciones a otra base de datos, tratar cada contabilidad como otra empresa (empresa “A” y empresa “B”), “multilibros” y marcar cada transacción, fueron formas de implementar esa interpretación de las NIIF.

Esta práctica que se venía aplicando en el mercado fue legalizada por el Decreto 2548 de 2014, cuyo artículo 6 permitió que no se entendiera como “doble contabilidad” para fines legales, aunque en la práctica sí lo fuera. Si se optaba por esa forma de llevar la contabilidad, se debía actualizar el RUT con el código 86 en la casilla 89.

Afortunadamente el Decreto también permitió la contabilidad única con registro de diferencias (artículo 3), como siempre se ha hecho en el mundo y como lo dijo el Consejo Técnico de la Contaduría Pública (CTCP) en la Orientación Técnica 001 y en el Concepto 577 de 2014. Si se elegía esa opción se debía actualizar el RUT con el código 85 en la casilla 89.

Hoy podría decirse que es “ilegal” llevar “contabilidad paralela”, pues la Ley 1819 de 2016 eliminó el “libro tributario” y adicionó el artículo 772-1 del Estatuto Tributario, según el cual la contabilidad es una sola, con registro de diferencias.

Sin embargo, el mismo artículo deja pendiente la reglamentación y eso hace temer que se continúe con la “contabilidad paralela” si el mercado de las casas de software y otros grupos de interés así lo presionan, como sucedió con el Decreto 2548 de 2014 en su artículo 6 que para entonces no la consideró “ilegal”.

Continuar con “contabilidades paralelas” sería mantener una práctica local que ha contribuido a que Colombia esté entre los países más complejos en contabilidad y tributación, según lo referencia el diario de negocios “Portfolio“.

Muchos contadores opinan que los que implementaron esta interpretación de la “contabilidad paralela”, desde antes de los decretos de transición, no deberían continuarla y que todos debemos aplicar la contabilidad única con registro de diferencias, como siempre debió hacerse. Sin embargo todas las interpretaciones son “válidas” en aras de la discusión, pues “hay varios caminos para llegar a roma”, por supuesto unos más difíciles y otros más simples y estandarizados. Incluso hay multinacionales han aplicado la “contabilidad paralela” según fueron asesorados.

Desmontar la tal “contabilidad paralela” sería un tributo al artículo 1 de la Ley 1314 de 2009, que textualmente procuró que “conformen un sistema único y homogéneo de alta calidad, comprensible y de forzosa observancia, por cuya virtud los informes contables y, en particular, los estados financieros, brinden información financiera comprensible, transparente y comparable, pertinente y confiable, útil para la toma de decisiones económicas“.

Debemos avanzar hacia una contabilidad única con registro de diferencias, considerando que el Decreto 2649 de 1993 fue tomado de las NIIF (según el Informe ROSC), estándares en los que siempre se ha basado la contabilidad empresarial colombiana y la información para impuestos, excepto por las estimaciones (como las depreciaciones o el valor razonable al que se refiere el artículo 10 de ese decreto).

En efecto, en Colombia siempre se han aplicado conceptos tomados de las NIIF, como “Propiedad, Planta y Equipo” o “inventarios” o el costo histórico, pero las estimaciones, por ser subjetivas, no se han aplicado, especialmente en las empresas familiares cerradas. En ese sentido, las diferencias entre “normas locales” y las NIIF deberían ser mínimas (las diferencias podrían ser menos abismales de lo que se piensa) y deberían ser solo por estimaciones como los avaluos. Esto porque:

Si las diferencias entre las normas locales y las NIIF eran por depuraciones contables, deben pagarse impuestos porque podrían estar evidenciando “activos omitidos” o “pasivos ficticios”.

Si las diferencias son por estimaciones, como el avalúo de activos fijos, no serán aceptadas fiscalmente, pues así lo indica el parágrafo 6 del artículo 21-1 E.T. y por el artículo 289 del mismo texto normativo, razón por la cual se requieren conciliaciones para llegar a declaraciones de renta (que no tienen porque incluirse en un supuesto “libro tributario”).

El citado concepto 577 de 2014 del CTCP dijo, correctamente, que los “libros oficiales bajo NIIF” son los mismos libros que se venían haciendo con el Decreto 2649 de 1993, registrando allí mismo las diferencias por aplicación de las NIIF en su nueva versión. No deben tenerse, entonces, “dos contabilidades” ni su nombre diplomático de “contabilidades paralelas”.

En consecuencia, a contabilidad es una sola que es la financiera, la que siempre se ha llevado, pues el Decreto 2649 de 1993 no era “fiscal”, sino que fue tomado de las NIIF. Si bien es cierto que no se aplicó en cuanto a estimaciones, lo que se requiere es continuar con los mismos saldos que se traían, pero ajustados con las NIIF como bien lo dice el Consejo Técnico. No se requiere un “PUC bajo NIIF” ni otra contabilidad: la contabilidad es la misma de siempre con ajuste de diferencias (por depuraciones con la respectiva norma fiscal por estimaciones que generan conciliaciones).

Algunos sectores contables y empresariales están muy preocupados por la reglamentación de las conciliaciones fiscales, pero estas siempre han existido, pues siempre se ha tenido contabilidad financiera y se han tenido que declarar impuestos.

Las conciliaciones se hacen simplemente partiendo de la contabilidad de siempre y depurando esa estimaciones y las ficciones fiscales (como las rentas exentas y las sobrededucciones fiscales): no tiene porque “venderse” el tema como un nuevo frente de confusión en el mercado contable colombiano (como alguien decía: “que cada cual haga sus conciliaciones somo siempre se han hecho, en Excel, sin tanto terrorismo contable”).

2017-10-18T10:03:34+00:00 Agosto 10th, 2017|Contador, Premium|0 Comments