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Las facturas proforma son documentos de uso comercial que ayudan a presentar una propuesta de negocio antes de emitir la factura de venta definitiva.
Sin embargo, hay algo que debes tener claro: carecen de validez fiscal y contable, por lo que no reemplazan a la factura electrónica de venta ni a otros documentos con efectos tributarios.
Por eso, si utilizas una factura proforma en tu negocio, es importante que sepas exactamente para qué sirve, qué información debe contener y en qué momento debe reemplazarse por una factura electrónica de venta validada por la DIAN.
Una factura proforma es un documento comercial preliminar mediante el cual un vendedor presenta las condiciones de una posible operación de venta. En ella se detallan aspectos como los productos o servicios ofrecidos, cantidades, precios, impuestos estimados, descuentos, formas de pago, condiciones de entrega y demás información relevante para la negociación.
Su objetivo principal no es cobrar ni registrar una obligación contable o fiscal, sino servir como una propuesta formal para que el comprador revise, evalúe y apruebe las condiciones de la operación antes de que se emita la factura de venta definitiva.
En otras palabras, la factura proforma cumple una función informativa y comercial. Por sí sola no tiene efectos fiscales ni constituye un soporte contable para el reconocimiento de ingresos, costos o impuestos.
Suele utilizarse como una cotización con el detalle completo de una venta o prestación de servicios, para aclarar condiciones comerciales, facilitar procesos de aprobación interna o respaldar negociaciones con clientes.
En algunos casos, también puede usarse como referencia para solicitar un anticipo. Sin embargo, desde el punto de vista contable y fiscal, dicho anticipo debe soportarse con los documentos que correspondan según la normativa aplicable, como la factura de venta y los comprobantes de pago respectivos.
Aunque las facturas proforma no tienen validez tributaria ante la DIAN, sí pueden tener efectos jurídicos en el ámbito comercial. Esto ocurre cuando su contenido reúne las características de una oferta mercantil, de acuerdo con el artículo 845 del Código de Comercio, que define la oferta o propuesta como un proyecto de negocio jurídico formulado por una persona a otra, el cual debe contener los elementos esenciales del negocio y ser comunicado al destinatario.
Por esta razón, si la factura proforma detalla claramente los precios, las cantidades, las especificaciones de los productos o servicios y las demás condiciones de la operación, puede constituir una oferta comercial. Si el cliente la acepta, por ejemplo, mediante una confirmación escrita, una orden de compra que respete las condiciones ofrecidas o el pago de un anticipo, podría surgir un acuerdo vinculante para ambas partes, según las circunstancias del negocio.
Además, el artículo 846 establece que la oferta comunicada es, por regla general, irrevocable, mientras que el artículo 855 señala que una aceptación condicionada se considera una nueva propuesta. Por eso, es importante definir claramente la vigencia de la oferta y verificar que los precios, las cantidades y las condiciones indicadas sean precisos y viables.
En todo caso, que una factura proforma pueda tener efectos contractuales no significa que se convierta en una factura de venta ni que tenga validez fiscal. Su función comercial y sus efectos tributarios corresponden a ámbitos distintos.
El Sistema de Facturación Electrónica de la DIAN está conformado por documentos electrónicos con efectos fiscales, dentro de los cuales se encuentra la factura electrónica de venta. Las facturas proforma no forman parte de este sistema ni están sujetas a validación por parte de la DIAN.
Por esta razón, una factura proforma no puede utilizarse como reemplazo de la factura electrónica de venta cuando exista la obligación legal de facturar. Su función es exclusivamente comercial e informativa, mientras que la factura electrónica de venta es el documento que soporta la operación para efectos fiscales, contables y tributarios.
Las facturas proforma no tienen validez como facturas de venta ante la DIAN. Por esta razón, no puede utilizarse por sí sola como soporte fiscal de costos, deducciones o IVA descontable cuando la normativa exige una factura de venta u otro documento válido para respaldar la operación.
Si registras una factura proforma en la contabilidad como si fuera el soporte definitivo de una compra, existe el riesgo de que la DIAN rechace el costo, la deducción o el IVA descontable durante un proceso de revisión o fiscalización. Esto podría generar la corrección de las declaraciones correspondientes, el pago de impuestos adicionales y, según el caso, la aplicación de intereses y sanciones.
La factura proforma no constituye una factura electrónica de venta como título valor. Por lo tanto, no puede registrarse en RADIAN, la plataforma administrada por la DIAN para la circulación y negociación de facturas electrónicas como título valor, ni utilizarse como sustituto de una factura electrónica de venta que cumpla los requisitos para operaciones de factoring.
Sí puedes utilizar las facturas proforma para:
No debes utilizarla para:
No existe un formato único de factura proforma. Su diseño puede adaptarse a las necesidades de cada negocio. Lo importante es que su contenido sea claro y evite cualquier confusión con una factura de venta.
Una estructura básica puede incluir:

Puedes incluir un cálculo estimado del IVA para que el cliente conozca el valor aproximado de la operación. Sin embargo, este valor es solo informativo; el impuesto se causa cuando se emite la factura electrónica de venta correspondiente.
No. La numeración autorizada por la DIAN aplica a la factura electrónica de venta y demás documentos electrónicos que la normativa contemple. La proforma es un tipo de factura que puede utilizar una numeración interna diferente, con fines de control y seguimiento comercial.
Sí. Como no es un documento fiscal, puedes ajustarlo tantas veces como sea necesario mientras las condiciones de la operación no hayan sido aceptadas formalmente. Sin embargo, es recomendable conservar la trazabilidad de las distintas versiones cuando existan cambios relevantes.
Una vez que el cliente apruebe la factura proforma, debes generar la factura electrónica de venta correspondiente. Para ello, puedes seguir estos pasos:
En resumen, las facturas proforma y la factura electrónica de venta cumplen funciones diferentes.
La primera sirve para cotizar, negociar y documentar las condiciones de una operación antes de facturar. La segunda forma parte del Sistema de Facturación Electrónica de la DIAN y es el documento que debe utilizarse cuando existe la obligación legal de facturar.
Usar correctamente la factura proforma te permite organizar mejor tu proceso comercial, negociar con mayor claridad y reducir riesgos de cumplimiento. Además, si centralizas tus proformas, cotizaciones, facturas y demás documentos en una solución como Siigo Nube, podrás acceder a información actualizada para apoyar la gestión de tu negocio.
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